El último examen de Técnicos de Hacienda. La clave para tu plaza.
Foto Johan Godínez
Probablemente estés en ese momento clave de tu camino en la oposición de Técnicos de Hacienda: el último examen. Un examen que marca la diferencia, y que debes tener claro cómo afrontar porque no sólo es la materia; hay otros factores igual de determinantes.
Y antes de entrar en lo técnico, permíteme decirte algo: el hecho de que estés aquí, a un mes del examen, ya dice mucho de ti. Has aguantado. Has seguido. Ahora toca afinar, no reinventarse.
Primera parte del examen
Las preguntas cortas: 20 preguntas de tipo teórico-práctico que exigen dominio de la materia, precisión y, sobre todo, destreza. Lo comentamos desde que alguien comienza a opositar: una base consolidada de la materia tributaria desde el minuto uno de la preparación es la que te da la clave en este ejercicio, la que te permite correr e imprimir esa intensidad con garantías en el momento decisivo.
¿Por qué insisto en esto? Porque para superar esta parte no basta con saber; necesito tener los conocimientos tan interiorizados que, al leer el enunciado, mi cerebro ya esté buscando la respuesta, no procesando el concepto. Identificar de forma rápida y clara qué me pide la pregunta, cómo afrontarla y, sobre todo, tener capacidad de síntesis para responder con precisión y calidad. Mi respuesta debe estar siempre acompañada de la fundamentación jurídica adecuada allí donde el examen lo exija: artículo, ley, reglamento. Sin eso, la respuesta cojea.
Por tanto, tres factores clave para superar con garantías esta primera parte: una buena base en materia tributaria, dominio de los conceptos clave por tema, y destreza a nivel práctico.
¿Cómo enfoco la recta final?
Lo más importante: ser eficiente en el estudio. El tiempo es limitado y tengo que conseguir cubrir todo el contenido clave del examen. Por supuesto que la materia es extensa, y habrá preguntas más específicas, pero ahí no está la clave de mi aprobado en esta parte.
Analiza con honestidad tus puntos fuertes y débiles. No hay margen para el autoengaño a estas alturas.
Identifica los puntos clave, especialmente a nivel práctico, de cada tema.
Garantiza el estudio a un nivel alto de todos esos conceptos clave, con especial intensidad en aquellas partes que más te cuestan. Tu nota la construyes sobre lo sólido, no sobre lo brillante.
Una vez que tienes consolidado el contenido básico de un tema, amplía y profundiza en los aspectos más específicos, que te harán incrementar esa calidad.
La destreza a nivel práctico no se adquiere de un día para otro, y especialmente difícil, es desarrollarla en la recta final. Por eso, es fundamental analizar cómo llegas y ser realista en tus objetivos, porque sólo así conseguirás maximizar tu preparación. No se trata de estudiar más horas; se trata de estudiar mejor.
Y una cosa más sobre el día del examen: la gestión del tiempo es otro factor clave que muchos descuidan. En los Mini simulacros y en los exámenes que realizamos precisamente por eso, cronometras el tiempo. No es un detalle menor: llegar al examen habiendo automatizado ese ritmo, es parte del entrenamiento.
Unas preguntas cortas de calidad son una garantía de éxito en este examen.
Segunda parte del examen
Desarrollar uno de los 28 temas, seleccionado al azar, puede parecer una tarea de pura memorización, pero es mucho más.
Como preparador siempre comento algo desde la primera clase: vamos a conseguir una preparación de tal nivel que, en el momento en que conozco el tema seleccionado, lo de menos para mí va a ser el contenido; eso lo doy por sentado, no tengo margen de error. Lo principal en ese instante es identificar otros aspectos: las cuestiones clave, las referencias temporales, los errores que quizá he cometido al prepararlo, las alertas, lo que debo destacar de forma prioritaria, el contenido adicional que da valor al tema...
Y es que, en esta fase del examen, aunque el contenido y su calidad son prioritarios, tan importante o más, es tener presente que ese tema que estoy escribiendo voy a tener que leerlo ante un tribunal. Por eso son esenciales: el orden, la claridad de ideas y la redacción. Si además, todo ello se acompaña de un contenido de calidad, el resultado será un tema brillante. El tribunal evalúa lo que escucha antes incluso de puntuar lo que lee.
¿Cómo conseguirlo?
El primer estudio del tema es clave. No sólo necesito un temario adecuado —quizá eso no sea lo más relevante, porque el mejor tema es el que se va matizando y completando con determinados detalles personales—. Lo importante es que el estudio sea riguroso, con determinados puntos trabajados con gran literalidad y siempre acompañado de los artículos que debo mencionar en cada momento.
Equilibrio y orden en el tema. Para ello es necesario haber preparado y ajustado cada tema, teniendo presente que el contenido que debo tener muy definido para esta parte del examen no coincide necesariamente con la materia que tengo que dominar en profundidad para las preguntas cortas. Por eso es tan importante medir, seleccionar y conseguir una distribución perfecta del tema. Un tema sobrecargado de contenido que no se puede leer bien en el tiempo disponible no es un tema brillante.
Rapidez y destreza a la hora de redactar en el tiempo máximo permitido. Esto sólo se consigue con un método de estudio que, de forma ordenada, realice un repaso acumulado de los temas en esta recta final. Sólo así llegarás al punto óptimo que garantiza un gran tema en el examen.
Y si en algún momento de este último mes la cabeza te pide parar, si el cansancio pesa o la duda aparece, recuerda que eso también es parte del proceso. No significa que no estés preparado; significa que estás apostando de verdad. Los que llegan aquí con ese nivel de exigencia son los que acaban saliendo por la puerta con la plaza.
Todo esto requiere trabajo, orden y constancia, algo que desde ITH inculcamos desde el primer momento de la preparación.
¡Mucho ánimo, opositores!
Nos leemos.